Temen por una muerte silenciosa vecinos de Los Flamingos y área aledañas

Un infierno viven los vecinos de Los Flamingos y zonas aledañas a la Termoeléctrica. Después de las 6 de la tarde los fuertes olores que despide supuestamente el combustible búnker utilizados para poner en funcionamiento los transformadores, los obliga a encerrarse, casi que herméticamente. “Tenemos miedo de quedarnos en el sueño, pues este combustible es altamente tóxico, corremos el riesgo de contraer cáncer en los pulmones, somos una comunidad bastante grande, hay niños, personas de la tercera edad, mujeres embarazadas y todos estamos expuestos a inhalar el aire contaminado que expide la Termoeléctrica, allí se vive con diferentes afectaciones respiratorias”.

La denuncia la hace José Luis Mendieta, morador del residencial Los Flamingo, quien explicó que esto ya había sucedido, tras los reclamos de los afectados dejaron de sentir el penetrante olor que les afecta las fosas nasales y las vías respiratorias, pero desde hace un mes para acá esto es terrible.  “Supuestamente no iban a usar más el búnker, sino que usarían el gas, pero que va, a partir de las 6 de la tarde ya se ve el humerío negro que sale de la Termoeléctrica y a la media noche el ruido de los transformadores, a decir verdad estamos afectados por el fuerte olor a bunker y por el ruido intenso que hacen estos transformadores que nos impiden el descanso sagrado del sueño”.

SOLO UN REFERENCIAL DE LO DAÑIÑO QUE ES EL BUNKER

Según investigaciones adelantadas por la Revista SCIENTIFIC AMERICAN, conocieron que “Los navíos de carga emplean como combustible una de las sustancias más dañinas que existen: el combustible búnker, un derivado del petróleo muy barato y de ínfima calidad. Presenta un elevado contenido de azufre, un elemento muy nocivo puesto que forma dióxido de azufre, causante de la lluvia ácida y de numerosas enfermedades respiratorias. Es por ello que, en el caso del combustible diésel ordinario, la UE impone un límite al contenido en azufre de 50 partes por millón. No así al combustible búnker: su variedad más contaminante, la que queman los barcos en alta mar, contiene un 4,5 por ciento en peso de azufre. Se calcula que el combustible para barcos provoca la muerte prematura de unas 90.000 personas al año.

El pasado mes de julio la Organización Marítima Internacional comenzó a aplicar controles más estrictos a lo que hasta ahora venía siendo el combustible líquido menos regulado del mundo. En una primera fase, el actual máximo legal de 1,5 por ciento de azufre en el combustible quemado cerca de la costa se reducirá al 1 por ciento. En 2020 se requerirá que la totalidad del combustible para barcos no presente cantidades de azufre superiores al 0,5 por ciento, un cambio que reduciría a la mitad el número de muertes derivadas de su uso.

Tales regulaciones suponen un buen comienzo. Sin embargo, no afrontan un problema potencialmente más grave: la contribución al calentamiento global. Si la flota internacional de cargueros fuera un país, sería el sexto mayor emisor de gases de efecto invernadero, inmediatamente detrás Japón y por delante de Alemania”.

 

 

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